Cada isla es única. Tahití es una joya de la naturaleza que invita a pasear entre sus cascadas y sitios arqueológicos que nos acercan a su inquietante pasado. Bora Bora (en la foto) emerge entre arrecifes de coral y le rodea una de las lagunas más bellas del mundo; Taha’a es conocida como la isla de la vainilla, y está cubierta de cultivos de la preciada gardenia; Raiatea es la isla sagrada, sede del primer templo ‘marae’ de las islas... Y así, hasta completar 118 islas. ©T. McKenna
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El inexplorado interior de las islas volcánicas esconde montes y valles de naturaleza exuberante, imponentes cascadas y miradores privilegiados. En todoterreno, a pie, a caballo o en bicicleta pueden alcanzar grandiosos y salvajes parajes, como el monte Aorai en la isla de Tahiti. ©D. Hazama
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Los atolones de las Islas Tuamotu son un sueño de playas blancas y cocoteros, un edén de paisajes vírgenes donde se ha parado el tiempo. A poco más de una hora de vuelo de Tahití se encuentra Fakarava, el segundo mayor, conocido entre los submarinistas por su entorno marino, uno de uno de los más espectaculares del mundo que ha sido declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco. ©V. Audet_Playa en Fakarava
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El bungalow suspendido sobre pilotes es el alojamiento estrella en Tahití y sus islas, un refugio de intimidad construido en simbiosis con la naturaleza, utilizando materiales como las hojas de cocotero o el bambú. A través de placas de cristal podemos observar la excepcional vida submarina de la laguna bajo nuestros pies. ©Sofitel Moorea Beach Resort
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El mar guarda celoso el mayor tesoro natural que un buceador o un submarinista pueda haber visto. En Moorea o Bora Bora, en el archipiélago de la Sociedad, con tan sólo con unas gafas y un tubo se puede nadar junto a las majestuosas -e inofensivas- mantas rayas. ©T.Mckenna_ laguna BoraBora
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Los tratamientos de los centros de Spa toman lo mejor de la sabiduría tahitiana y ofrecen sesiones especiales para dos: baños de flores exóticas, duchas de agua de lluvia o masajes con productos tradicionales como el coco, el jengibre, las fragancias de la flor de Tiare y las semillas aromáticas de vainilla. Un gozo al que es imposible renunciar. ©Bora Bora Lagoon Resort & Spa
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¿Relax o aventura? Por qué no ambos. Ski acuático, surf o kajak son algunas de las actividades náuticas al alcance de la mano. Los más atrevidos podrán sobrevolar los arrecifes en paracaídas. © Grzgoire Le Bacon
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La codiciada perla negra tahitiana “poe rava” es símbolo de elegancia, belleza y exclusividad; nunca encontraremos otra igual. Sus colores cubren la gama de los grises, plateados, rosa pálidos o verdes irisados. En las granjas de perlas en los atolones de Tuamotu, los auténticos productores le aconsejarán sobre la joya que mejor le sienta. © Grzgoire Le Bacon
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No sólo sus paisajes componen el gran tesoro de estas islas. También sus gentes: simpáticos, generosos, joviales y festivos, les caracteriza también una sincera hospitalidad. La demuestran con el regalo de flores que perfuman los primeros instantes del viaje. ©Kirklandphotos.com niñas
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Las danzas y cánticos tradicionales son parte del legado de la rica cultura tahitiana. No hay que dejar pasar la oportunidad de ver algunos de sus espectáculos de bailes o asistir a las reuniones dominicales en las iglesias a escuchar los ‘himene’, cantos de gran belleza coral. ©Le Bacon
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