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María y Javier eligieron Sudáfrica para su Luna de Miel. Querían vivir una experiencia inolvidable y este maravilloso continente les ofrecía el viaje más completo. Ahora lo comparten con nosotros.
La elección del destino para la Luna de Miel no fue fácil. Tanto Javier como yo somos unos apasionados de los viajes. Habíamos estado en muchos países y queríamos que el viaje de novios fuera algo muy especial. Barajábamos varios destinos cuando cayó en nuestras manos un folleto del hotel
The Royal Livingstone.
Fue amor a primera vista. Este romántico hotel situado junto a las Cataratas Victoria en Zambia, nos pareció maravilloso.
Las cataratas Victoria
Veinticuatro horas después del gran Sí, ya estábamos en Livingstone, en el Parque Nacional de Mosi-Oa-Tunya. Desde el aeropuerto una lancha nos llevó por los rápidos del río hasta este pequeño rincón del paraíso. Al desembarcar,
nos recibieron con un cóctel de frutas mientras nos daban un maravilloso masaje de manos en la terraza de teka sobre el río. Nuestro mayordomo nos enseño nuestra suite: romántica y perfumada, gracias a un espléndido ramo de rosas, una cesta de frutas y un vino espumoso. Tenía una maravillosa vista al jardín donde habitan las cebras y los monos saltan libremente entre las acacias.
Un barco nos
condujo en pocos minutos
a nuestro pequeño rincón
del paraíso”
Al atardecer y al caer la noche nos tomamos un cóctel en maravillosa terraza de teka sobre el río mientras escuchábamos música clásica, veíamos una de las puestas de sol más maravillosas sobre el
río Zambezi y oíamos de fondo el rugido del agua de las
Cataratas Victoria al caer.
El día anterior a nuestra partida, nos despedimos de Zambia cenando a bordo de un tren de lujo,
The Royal Livingstone Express donde degustamos una deliciosa cena africana mientras atravesamos la sabana africana y las jirafas observaban a nuestro tren de vapor pasar. Una experiencia que nos gusta recordar de vez en cuando viendo nuestro álbum.
Lo único que lamentamos es haber reservado sólo tres días, el crucero por el río Zambezi, el safari en Botswana a tan solo una hora del hotel, la tarde en la piscina, el tren de lujo y nuestra cena romántica debajo del Monkey Tree …
¡los tres días se nos pasaron volando! El parque Kruger
Tras nuestra experiencia en Cataratas Victoria, continuamos nuestro itinerario hacia uno de los lugares más fascinantes de Sudáfrica, el
Parque Kruger, uno de los más antiguos del mundo.
El día en un lodge para hacer un safari comienza a las 5 de la mañana pero no nos importó. El deseo de ver leones o seguir las huellas de una manada de búfalos fue tan grande que con cámara de fotos y prismáticos en mano, Javier y yo fuimos los primeros en subir al 4x4.
Avistamos los
cinco grandes: elefante, búfalo,
león, leopardo y rinoceronte”
Al final del primer día, el resultado no podría haber sido mejor: vimos tres de los cinco grandes- leones, elefantes, búfalos y nos llevamos como recuerdo cientos de fotos preciosas. Tuvimos la suerte de alojarnos en una reserva privada del Parque Kruger y de tener al día siguiente
un encuentro mágico con una leopardo hembra y sus cachorros y de ver a un rinoceronte blanco que dormitaba bajo una acacia, completando así los cinco grandes.
De la fauna de la sabana, volamos a
Ciudad del Cabo, donde nos estuvimos alojados en otro hotel maravilloso, The Table Bay. Aquí el despertar tenía sabor a ostras y champagne, que se sirven todos los días en el desayuno mientras disfrutas de unas maravillosas vistas al Waterfront de la bahía de Ciudad del Cabo, un dinámico puerto lleno de vida. En el horizonte, la Table Mountain presidiendo sobre la bahía y a cuya cima pudimos subir en teleférico para observar las mejores vistas del Cabo. Desde allí, fuimos a ver las focas y la pequeña colonia de pingüinos así como el Parque Nacional del
Cabo de Buena Esperanza, azotado por las fuertes corrientes del Océano Índico y del Atlántico, que aquí se encuentran.
En el Cabo de Buena Esperanza
pudimos ver como el índico se batía con
el Atlántico”
Y tras la naturaleza... ¡Ciudad del Cabo por la noche! El centro de Ciudad del Cabo fue un recordatorio constante del alma de un país muy hospitalario, multiétnico, crisol de culturas, religiones, lenguas y razas, así como de sabores y fragancias. Aprovechamos para
catar los maravillosos vinos del sur de África en un par de bodegas cercanas al Cabo: Franschoek y Stellenbosch, dos pequeños pueblos vinícolas que parecían robados de la campiña holandesa. Lugares románticos para poner fin a un precioso y perfecta Luna de Miel que ha cumplido y superado con creces nuestras expectativas y que sin duda os recomendamos si queréis hacer de vuestra Luna de Miel una experiencia única y llena de increíbles sensaciones.
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